Municipio de Valdeprado del Río

Municipio de Valdeprado del Río

El río Ebro atraviesa también este municipio limítrofe con Palencia y cuyos prados del sur fueron continuación de los de Valdeolea, donde se asentó la IV Legión Macedónica-Romana. Su valor patrimonial más acusado es la iglesia de Santa María La Mayor, en Barruelo, un templo románico levantado en el siglo XIII. Tiene dos naves y dos ábsides cuadrangulares y fue agrandada posteriormente con una torre prismática.

El Monasterio de Nuestra Señora de Montesclaros, barroco-montañés del XVII, alberga a la patrona de la Merindad de Campoo, que despierta gran devoción en la zona. Fue construido, como ya hemos mencionado a partir de una iglesia rupestre y conserva un retablo del XVIII.

Entre la arquitectura civil destaca el conjunto urbano de Aldea de Ebro por la belleza de sus casas populares. Desde 1988 es Bien de Interés Cultural.

La fiesta más importante en Valdeparado del Río es “La reina campurriana”, que se celebra el 19 de agosto.

Sin embargo, su patrimonio histórico-arquitectónico nos indica que no siempre padeció esta falta de poblamiento; así tenemos también aquí iglesias del mismo corte que las de Valderredible en Barruelo, Aldea de Ebro, etc; necrópolis también en Aldea de Ebro, Barruelo o Arcera o un inetersante conjunto monumental tambien en Aldea de Ebro.

En este municipio está el pueblo más alto de Cantabria, Candenosa, a 1.160 metros sobre el nivel del mar y todos ellos se caracterizan por una escasísima población, lo más frecuente es que no sobrepasen los veinte habitantes por pueblo.

Otro de los pueblos de este municipio que merece una mención especial por su encanto es Reocín de los Molinos, se sitúa en una hondonada en el punto de unión del río Polla con el arroyo Bahillo. En las laderas de los distintos montes que rodean al pueblo se muestra generosa la masa forestal de roble de desarrollo medio y bajo que dan al entorno una buena calidad paisajística. A ello también contribuye la abundante vegetación de ribera que crece a lo largo del cauce del Polla, adornando el entorno de los numerosos molinos que han crecido a su vera.

A lo largo de más de un kilómetro aguas arriba del río Polla aparecen media docena de molinos maquileros que desde antiguo han venido aprovechando la fuerza de su, por otro lado, no muy abundante caudal. La importancia que cobró desde mediados del siglo XVIII el comercio harinero por el recién creado Camino de Castilla, impulsó la fundación de este tipo de instalaciones por las zonas próximas a su paso. En el caso de Reocín la intensa actividad molinera se debió, más que a la cercanía al Camino de Castilla, a la existencia de la única corriente de agua capaz de mover los mecanismos de un molino que encontramos entre Bárcena de Ebro y Reinosa. El mejor de todos es el conocido con el nombre de la Fábrica, el primero que nos encontramos por la carretera comarcal que lleva hasta Reocín. Se mantiene en perfecto estado de conservación, resultando especialmente vistoso en la parte del calce o canal y en el frente, con doble juego de arcos entre el canal de desagüe y el puente.

El casco urbano configura un interesante conjunto de arquitectura rural con un amplio repertorio de tipologías constructivas desde las más populares, a base de adobe y madera, a las más nobles de sillería, como en la casa Rectoral. Predomina el tipo de casa de una o dos alturas con balconada alta entre muros cortafuegos, la mayoría de finales del siglo pasado o principios del actual, similares a las que encontramos en los pueblos de la parte baja de Valderredible.

La iglesia de Santa Engracia muestra un estilo predominantemente barroco, por lo menos en lo que respecta a la nave principal y a la torre, que también hace las funciones de pórtico por donde se tiene acceso a la portada clásica, fechada en 1887. En el muro sur se descubre una fábrica medieval con canecillos toscos y desornamentados, difíciles de precisar cronológicamente, en torno a los siglos XIV o XV. Más clara es la fábrica del paramento norte de la cabecera, con canecillos de caveto con dos rollos similares a los que encontramos en la iglesia de Santa Juliana de Hormiguera, que en aquel caso colocábamos en el siglo XIII. En el interior guarda interés el retablo mayor manierista del siglo XVI.

Un poco más sobre el románico de la zona:

La cuenca del Alto Ebro y Alto Pisuerga, coincidente con el norte de las provincias de Palencia y Burgos y con el sur de la Comunidad Autónoma de Cantabria, concentra la mayor densidad de edificios románicos de Europa. En la zona Campoó-Los Valles (el sur de Cantabria) encontramos manifestaciones del estilo en más de sesenta iglesias, casi todas con un carácter rural y popular, lo que no quita para que en ocasiones el estilo se torne deslumbrante y atrevido. En todos los casos nos vamos a encontrar con edificios de planta muy sencilla, de tipo concejil, siempre de nave única, portada en la fachada sur, ábside semicircular o testero recto y espadaña a los pies (las torres son excepciones). El arte románico se propaga por la zona gracias a la revitalización de las rutas jacobeas, especialmente las que remontaban el río Ebro y Besaya y que tenían en la zona campurriana su punto de contacto. En la primera mitad del siglo se construyen las obras más puras del estilo y también las de mayor calidad. Nos referimos a las colegiatas de San Martín de Elines y de San Pedro de Cervatos que son las encargadas de difundir en un primer momento el estilo por la comarca.

Durante el reinado de Alfonso VIII (1158 – 1210) se conoce una azarosa construcción de edificios románicos en las que se nota la influencia ejercida por los poderosos monasterios de Santa María la Real de Aguilar de Campoó y San Andrés de Arroyo en Palencia. A lo largo del siglo XIII se siguen construyendo muchas iglesias que podríamos considerar protogóticas en las que de manera tímida se reconoce algún rasgo gótico o cisterciense que afecta a la desornamentación más o menos generalizada del edificio, a la preferencia por las cabeceras rectas y al apuntamiento leve de los arcos. Son obras de extrema sencillez que no plantean grandes problemas estructurales y que suelen ser trabajadas por canteros locales sujetos a la tradición. En algunas iglesias de Valderredible este esquema se sigue repitiendo endémicamente en algunas obras siglo XIV e incluso del XV.

La colegiata de San Martín de Elines es el monumento románico más sobresaliente de los muchos que tiene Valderredible y uno de los más interesantes de la región. Su origen hay que llevarlo al siglo X, época en la que se construye un monasterio mozárabe, del que aún queda algún resto en la pared norte del claustro, y que hay que suponer contemporáneo al fenómeno del eremitismo rupestre del que cuenta Valderredible con tan magníficos ejemplos. Se tiene noticia de que en 1102 el templo amenazaba ruina, lo que lleva a pensar que alrededor de esta fecha se empieza a levantar un nuevo edificio que no es otro que el que hoy en día tenemos. El estilo es plenamente románico en los dos tramos de la nave, la linterna, el presbiterio, el ábside y el campanario cilíndrico. Las capillas y añadidos de la zona del cementerio denotan un estilo gótico del siglo XIII y muy posterior, posiblemente del XVI, es la fábrica del claustro.

El exterior de la iglesia sorprende por el vistoso juego de volúmenes que forman la linterna recta, el ábside semicircular y el campanario cilíndrico. La mayor parte de la decoración se concentra en el ábside, dividido en tres calles en las que el muro se retranquea en otros tres planos delimitados por arquerías ciegas de baquetones apoyados en columnas y capiteles que se alinean a la altura de la línea de imposta. Toda la iglesia se remata con una valiosa colección de canecillos historiados en los que se repiten los temas más comunes del románico de la zona de tipo fantástico, animalístico y erótico, a excepción de la torre – campanario cuyo remate responde a una reforma del siglo XVII.

En el interior sobresale la cúpula de la linterna que apoya en cuatro robustos pilares cilíndricos que rematan en capiteles corridos y decorados con escenas de la matanza de los inocentes, de la adoración de los Magos y de bestias devoradoras de aterradora presencia. Inmediatamente después, el presbiterio, cubierto con bóveda de cañón, y el ábside, que lo hace mediante bóveda de horno por debajo de la cual discurren dos pisos de arquerías ciegas en las que destaca el buen trabajo de talla de los capiteles, cimacios y molduras. En un pequeño lienzo de pared del ábside, se conserva el único resto de pintura mural románica de Cantabria que representa a dos santos o apóstoles que formarían parte del conjunto que cubría toda la cabecera.

La entrada a la iglesia se efectúa a través del pequeño claustro de planta trapezoidal construido hacia el siglo XVI, en el que se alberga una valiosa colección de sarcófagos.

A destacar el que se ubica en la crujía norte, bajo arcosolium y apoyado sobre dos perros, con frontis de fina talla, en el que aparece el tema de Cristo en majestad rodeado del tetramorfos y de los apóstoles, todo ello de estilo gótico, del siglo XIII. También valioso es el que se expone en la dependencia aneja, que reúne en la tapa elementos decorativos de raigambre hispanomusulmana, románica y protogótica.

La colegiata está declarada Bien de Interés Cultural desde 1931 y en la actualidad se encuentra en perfecto estado de conservación gracias, sobre todo, a las diversas tareas de acondicionamiento que han llevado a cabo los vecinos del pueblo en los últimos años.

Aparte de la colegiata, en San Martín de Elines también son dignos de mención la ermita de Nuestra Señora de los Remedios en el Barrio de Abajo con fecha de 1727 o el puente sobre el Ebro, de origen medieval aunque ensanchado hace pocos años, sin olvidar la buena arquitectura local que se mantiene dignamente conformando un conjunto de calidad sobre todo en el Barrio de Arriba.

El caserío de Cervatos se sitúa en la margen izquierda del río Marlantes acostado sobre las laderas de dos pequeños coteros. Por el sur, en la zona conocida como las Dehesas, nos encontramos con el borde oriental del hayedo que viene cubriendo toda la vertiente campurriana del monte Endino desde el Collado de Somahoz.

La Colegiata de San Pedro de Cervatos es el monumento más célebre de la comarca campurriana y, dentro del estilo románico uno de los mejor conocidos de Cantabria. La importancia histórico-artística de la colegiata es incuestionable y ya fue valorada el siglo pasado por los primeros investigadores del fenómeno románico. Prueba de ello es su declaración como Monumento Nacional en fecha tan tardía como 1895.

En la primera referencia escrita que se tiene de San Pedro, en un fuero fechado en el año 999 que se considera apócrifo, consta como monasterio y parece ser que como tal siguió hasta mediados del siglo XII en que se transforma en colegiata. En la fachada aparecen dos inscripciones con fechas de 1129 y 1199 respectivamente, que se corresponden bastante bien con las dos tendencias estilísticas que aparecen en el edificio. A la primera fecha hay que llevar la fábrica de la nave, el ábside y la portada, dentro de la fase del románico pleno. Las proporciones son muy armónicas, sobre todo en lo que respecta al ábside y a la portada. El primero se divide en tres calles delimitadas por altos contrafuertes hasta la línea de imposta sobre los que descansan columnas de fuste monolítico que rematan en capiteles historiados confundidos con los canecillos. La portada se destaca del muro del mediodía mediante una estructura saliente cubierta con tejaroz. Presenta un perfecto abocinamiento que se cierra en un tímpano de gran valor artístico decorado con una maraña de entrelazos vegetales de hojas pentapétalas. Por el dintel corren dos fajas decoradas, la inferior con igual motivo que el tímpano y la superior con leones afrontados. Los aleros del ábside, de la nave y del tejaroz de la portada se sostienen por un conjunto de canecillos que llaman poderosamente la atención por la extrema lubricidad de algunas de las escenas representadas.

En el interior, queda de esta primera fase románica la cabecera, con bella arquería ciega en el piso bajo y dos originales ménsulas – capiteles sosteniendo el arco de triunfo. La bóveda de la nave es muy posterior, del siglo XV. La sacristía y el baptisterio se cubren también con una bóveda nervada, más sencilla, posiblemente del siglo XIII.

La pureza de este primer estilo románico que se fecha en 1129 se relaciona con un grupo de construcciones del norte de Palencia como Santa Eufemia de Cozuelos, no muy lejos de Aguilar de Campoó, muy al tanto de las innovaciones artísticas que se introducen por el Camino de Santiago, que atravesaba el territorio de Campoó en la ruta que unía el camino castellano con la costa del cantábrico. La torre se construye más tarde que el resto, posiblemente en esa otra fecha de 1199 que aparece en la fachada. Los arcos de la arquería de los dos últimos pisos ya son apuntados y remiten a modelos, nuevamente, del norte de Palencia (algunos detalles como las columnas angulares están inspirados en la torre de la iglesia de Santa Cecilia de Aguilar de Campoó). Se conserva una valiosa imagen de la Inmaculada, obra del trasmerano Felipe de Cuetos, del año 1673, que sigue de cerca la iconografía mariana utilizada por Gregorio Fernández.