COLEGIATA SAN MARTÍN DE ELINES

Siglo XII. Románica de la primera mitad del siglo. Conserva también restos de una vieja iglesia mozárabe en unos arcos de herradura del siglo XI que se ven en una pared del cementerio y unas ventanitas que dan al claustro. la iglesia es de una sola nave y cúpula sobre pechinas. Cubierta de madera salvo el presbiterio, con bóveda de cañón y ábside con bóveda de horno. Bellísimos capiteles iconográ-ficos sobre los grandes pilares cilíndricos. Tuvo pinturas ro-mánicas, de las que solo se conservan dos apóstoles y algún símbolo animal. El ábside es espléndido, con arcaduras en dos pisos. Declarada Monumento Histó-rico-artístico Nacional en 1931.

La iglesia del antiguo monasterio de San Martín de Elines es una de las cuatro colegiatas montañesas que han conservado su factura románica y con ellas, añadiéndolas la iglesia lebaniega de Piasca, adquiere nuestro románico su cumbre. Se levanta en el pueblo que lleva su nombre, un poco en alto dominando el curso del Ebro, los campos y la rocosa mole de La Moñeta (1179 m), paredón vertical por donde el páramo de La Lora se asoma a la cuenca de aquel río, un poco antes de que éste rompa las hoces de Orbaneja del Castillo en su primer intento de abrirse paso al Mediterráneo.

San Martín de Elines debió de ser un muy antiguo monasterio, seguramente familiar, que nacería en el siglo IX, cuando los primeros avances repobladores cruzan la línea de los altos montes cantábricos en busca de la recuperación de la meseta. Es en ese siglo en el que se horadan las rocas areniscas del valle para abrir sus conocidas iglesias rupestres, creándose así fuertes focos de vida capaz de poder resistir los posibles intentos de los musulmanes.

De la existencia antigua de este monasterio nos queda un patente testimonio en los restos de su primitiva iglesia mozárabe, del siglo X, que se conservan en los muros del claustro que dan al cementerio. Se trata de dos arcos de herradura, ahora ciegos, y de dos ventanitas que en la cara opuesta de este mismo muro miran al patio claustral y que llevan también arquillos de herradura muy cerrados rodeados de relieves con decoración floral y sogueado. Los recuerdos visigodos, asturianos y árabes están ya recogidos en estas ruinas que pudieron haberse levantado con motivo de la corriente repobladora que a finales del IX alcanza esta región y que está dirigida por Fernando y Gutina fundadores de San Miguel de Escalada.

Al parecer en 1102, según un documento, fue cuando esta iglesia mozárabe se arruinó -“Era de CXL, ruit ecclesia Santi Martini de Helines”- y por estas fechas, seguramente en las dos primeras décadas del XII, ya se estaría construyendo el edificio románico que ha llegado a nosotros.

Se trata de una iglesia de sólo una nave, de tres tramos, siendo el primero de éstos cubierto por gran cúpula sobre pechinas. Los otros dos debieron de tener siempre, como ahora, cubierta de madera a dos aguas. La iglesia se cierra al este con un presbiterio recto y un ábside semicircular. Al exterior tiene buena altura y lleva una cornisa sogueada o simplemente moldurada soportada en toda su extensión por numerosos y variados canecillos. Una torre-linterna sale al exterior para cubrir la cúpula; es cuadrada, con un solo óculo al este, y en su origen pudo tener más altura. Una torre-escalera cilíndrica se apoya a su muro meridional. El ábside lleva arcaduras ciegas que envuelven las ventanas, que son tres, separadas por columnillas altas que suben hasta la cornisa. Capiteles, cimacios e impostas van decoradas.

En el interior, lo mejor es el ábside con ocho arcaduras ciegas en bajo con sus correspondientes capiteles todos tallados con motivos animalísticos, vegetales y humanos. Originalísimas son los cuatro grandes pilares entregos, y casi cilíndricos, que sostienen la cúpula, con enormes capiteles con diversos temas: Sansón y el león, Epifanía, Matanza de los Inocentes, Daniel entre los leones, grandes piñas, cabezas humanas, etc, que, con los capiteles del arco triunfal y del primer tramo, componen un conjunto escultórico admirable. En su día, todo el ábside interior debió de estar cubierto de frescos románicos de finales del XII, de los que nos han quedado dos apóstoles y algunos animales. En el claustro se alinean una bellísima colección de sarcófagos, románicos los más, y uno gótico con frontal de Pantocrator y apóstoles.